Es importante que sepas, que yo, Cualquiera de Nosotras, me esforcé mucho en seguir los mandatos de “lo correcto” antes de liberar mi liberación.

Caminaba cada día en lugar de coger el autobús, disfrutaba de hacer zumba dos días a la semana, llevaba una alimentación equilibrada y saludable… Vaya, lo que conocemos por dieta mediterránea… ¡Yo me encontraba sana y feliz!

Vamos, que mi conciencia estaba muy tranquila porque lo hacía todo bastante “bien”, hasta que llegaba el momento del palabro que más odiaba, pero que irremediablemente salía en el informe de la revisión médica de la empresa. “Tienes un IMC de…”. NO QUIERO OIR, pero siempre terminaba oyendo la terrible sentencia: tienes sobrepeso, tu IMC es 26, debes cuidar de tu salud. Otra vez, después de esforzarme tanto, otra vez. Es el calvario de todos los años.

No bastaba con tener unas analíticas perfectas, un corazón fuerte, y estar decente mental y emocionalmente. Por lo visto, “no cuidaba de mi salud lo suficiente”.

Investigué que quiere decir salud y según la OMS salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. ¡Yo encajaba en esa definición!

Siguiendo con mi historia, os cuento que algunas de mis compañeras de trabajo, más o menos en la misma situación, se preparaban para “dar la talla”, o más bien “dar el IMC” en la revisión médica. Unas semanitas antes “cerraban la cremallera”. Solían cambiar el bocata del almuerzo por un par de tortitas de maíz o una barrita de 40kcal, dejaban de ver a los amigos el sábado, y esquivaban las celebraciones.

Ellas me animaban cada año a unirme al “reto IMC”, como lo llamaban. El caso es que a mí no se me daba nada bien aguantar el hambre, las ganas de estar con mis amigos y de compartir el pastel de cumpleaños de mi hermano, que justo siempre caía por esas fechas.

Así es que, año tras año, estuve sintiéndome mal por no cuidarme más tras escuchar lo mismo.

¡Cómo un solo término puede hacerme sentir tan miserable, y condicionar tanto la vida!

Decidí investigar y hoy te puedo contar qué es eso del IMC. Cuando lo sepas, te ayudará a dejar de pensar que vales menos porque pesas más, estoy segura.

Se trata solo de una fórmula matemática que relaciona peso y estatura, y que se inventó para hacer estadísticas sobre las personas en Centroeuropa, en el año 1832. Sí, hace casi dos siglos.

El IMC nunca ha tenido en cuenta el estado nutricional de las personas, ni sus hábitos alimentarios, de ejercicio o de vida social, ni las proporciones de los compartimentos corporales (líquidos, músculo, masa ósea, grasa…).

Tampoco tiene ninguna relación con la tensión arterial, el colesterol, la salud digestiva, la salud mental, etc.

En fin, no tiene sentido que el IMC se utilice como índice para diagnosticar salud y te haga sentir obligada a adelgazar con el fin de “mejorar tu salud”.

Me preguntaba a quién beneficiaba ponerme la “etiqueta” de sobrepeso. Bueno, ponérsela a ¡tanta gente!

Averigüé que quien primero lo usó como criterio para medir la salud, fueron las compañías de seguros en EEUU en los años 50. Les sirvió para establecer distintas tarifas a sus clientes según su IMC. ¡Aja! los clientes con IMC más alto tenían precios más caros, argumentando que su salud era peor. ¡Injusto!, ¿no?

Más tarde, en 1998, el Instituto Nacional de Salud de EEUU baja el límite para categorizar sobrepeso de 27,8 a 25. Así de fácil, unos 29 millones de americanos se acostaron esa noche con “normopeso” y se levantaron al día siguiente con “sobrepeso”. ¿Quién se benefició de esto? Las personas afectadas aumentaron las ventas de servicios y productos para adelgazar. ¿Esto te sorprende tanto como me sorprendió a mí?

Después de conocer todo esto, me dije: ¿Crees que merece la pena que ese sospechoso dato, que no tiene en cuenta todo lo que SÍ sirve para medir la salud, pueda condicionar tu vida?

Desde que soy más sabia, siempre hago esta pregunta: Querida doctora de empresa, ¿sobre qué peso tengo sobrepeso? ¿Sobre el peso medio de las personas que vivían en Centroeuropa en los años 1830? Y ¿también tengo “sobretalla” porque mido 1,75m?

Lo que no soy es “sobretonta”, y sigo cuidándome con sentido común, porque me funciona.

¡Hasta la próxima!

Lo que se publica en este blog tiene fines meramente informativos o educativos, en ningún caso sustituye el consejo individualizado de un nutricionista o médico.

María Sanabdón, Dietista-Nutricionista. Especialista Trastornos de la Conducta Alimentaria. 

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